Arrancó el proceso de sucesión: ¿y la oposición?

Oteador

El proceso informal de sucesión presidencial ya arrancó. Como nunca antes se ha adelantado: el presidente en turno se siente con tal control de la situación que no le preocupa que los posibles aspirantes le hagan sombra, desde muy temprano, durante el ocaso de su gobierno.

El 5 de julio pasado, durante su conferencia mañanera, Andrés Manuel López Obrador soltó cinco nombres como contendientes para sustituirlo, en este orden: Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; Juan Ramón de la Fuente, representante de México ante la Organización de las Naciones Unidas; Esteban Moctezuma, embajador mexicano en Estados Unidos; Tatiana Clouthier, secretaria de Economía, y Rocío Nahle, secretaria de Energía.

Pero el banderazo de salida se dio mucho antes, el 13 de mayo, cuando durante el evento conmemorativo de los 700 años de la fundación de Tenochtitlan quedó la impresión de que López Obrador ya se decidió por impulsar el modelo brasileño: optar por Sheinbaum como su sucesora como Luiz Inácio Lula da Silva optó por Dilma Rousseff.

Desde luego que no hay nada definitivo. Como en toda carrera, muchas situaciones pueden ocurrir previo a su desenlace, sobre todo cuando estamos a más de dos años de la elección de 2024. Pero, mientras el presidente levanta la mano de la jefa de Gobierno enviando señales al mismo tiempo que reparte elogios, ¿cómo se prepara la oposición para enfrentar la prematura andanada?

Las fuerzas se muestran desiguales, los rivales lucen menguados. El futuro de la oposición parece depender más de lo que pase en Morena, de aprovechar las previsibles fracturas, el desgaste y desprestigio que puedan producir los conflictos derivados de la selección de su candidato presidencial, que de sus propias acciones y fuerzas.

Para el Partido de la Revolución Democrática (PRD) sus aspiraciones de ganar la Presidencia no sólo se ven ya muy lejanas, sino que se han limitado dramáticamente ahora a mantener el registro. El partido busca la sobrevivencia y se sostiene apenas con el 3.77% de la votación obtenida en este año. Fue en este 2021 cuando perdió su último bastión, su último reducto de apoyo: Michoacán, justamente a manos de ex perredistas agrupados en Morena.

Recientemente se ha anunciado la celebración de dos congresos nacionales, en octubre y diciembre, con el propósito de realizar una reorganización profunda y un relanzamiento del partido como opción socialdemócrata. La encomienda es tan ambiciosa como compleja: convencer a la ciudadanía –al menos a una parte importante de ella– sobre la vigencia del proyecto de izquierda que representa el PRD.

El Partido Acción Nacional (PAN), por su parte, constituye la oposición más relevante en el país, tanto por el número de votos obtenido en la reciente elección como por el consiguiente número de curules que logró en la Cámara de Diputados. Pero es claro que no vive su mejor momento.

Tiene problemas para mantener su registro debido a los pocos afiliados que es capaz de convocar. Con sus 270 mil 799 militantes alcanza apenas el 0.28% del Padrón Electoral Federal, esto es, se encuentra a dos centésimas de incumplir el mínimo de 0.26% que exige la Ley General de Partidos Políticos.

Una escasa militancia, empero, no es sinónimo de conflictos exiguos. Marko Cortés se acaba de reelegir como presidente nacional panista por tres años más, sin competidores de por medio, entre reclamos de “secuestrar” el padrón de afiliados para la contienda interna y propiciar así un proceso inequitativo.

Cortés fue el único aspirante que pudo superar el mínimo de firmas de afiliados solicitado como requisito para poder participar en la contienda (10%), con más de 110 mil. No lo pudieron hacer los ex diputados federales de Tlaxcala Adriana Dávila y de Tabasco Gerardo Priego. El exgobernador de Querétaro Francisco Domínguez declinó competir convencido de que fue un error la reelección de Cortés y que él tendrá oportunidad de sustituirlo cuando todo marche mal para el PAN en las elecciones de 2022.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), finalmente, vive la peor crisis de su historia. Una cuarta transformación lo ha orillado a una cuarta renovación en su historia. Pero ese proceso parece paralizado y, quizá como síntoma de debilidad, luce más como aliado de su verdugo que como su detractor.

La dirigencia nacional del PRI, al parecer, ha dejado de ser nervuda. No tiene más la fuerza e influencia de otros tiempos. Alejandro Moreno, quien dejó la gubernatura de Campeche para convertirse en dirigente priista, considera ahora que tendrá más peso político si opera con más ahínco desde la presidencia de una comisión de la Cámara de Diputados, la de Gobernación, que desde la del partido.

El proceso de sucesión ya arrancó y la oposición contribuye, con su inanición, a la continuidad del proyecto encabezado por López Obrador.

Vigía
Durante la LXV Legislatura serán 51 las comisiones que organicen el trabajo legislativo. Éstas fueron aprobadas por 433 votos de Morena, Partido del Trabajo, Partido Verde, PAN, PRI y PRD; Movimiento Ciudadano votó en contra. La nueva relación de fuerzas generada por las elecciones de 2021 obligó a la creación de 11 nuevas comisiones para facilitar las negociaciones y el acuerdo del mayor número de bancadas posible en el reparto. Es motivo de revisión su aprobación en el Senado, así como el perfil de quienes las presidirán y el olvido de la paridad en su designación.

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