Opinión

¿Cuándo le toca la vacuna al arte en México, en Oaxaca?

Por: luis cortés | 09 DE FEBRERO, 2021


La expresión mexicana de decir “te vacunaron”, hace referencia regularmente a algo malo que te sucedió del cual te sacaron ventaja, te entro a la fuerza, o simplemente no pudiste hacer nada para impedirlo, pero ya te quedo como experiencia. Este mexicanismo como muchos otros es más complicado de lo que parece, puesto que es utilizable de muchas maneras y en cientos de ocasiones.

Durante el COVID-19 varios lugares de exhibición del arte parece que están ante la indecisión de cerrar permanentemente, pues la institucionalidad burocrática se ha convertido en una imposibilidad de adaptarse rápidamente a los cambios; que ante la búsqueda de ser autónomos o la decisión de depender de instituciones privadas o de gobierno, los ha puesto en una encrucijada por sobrevivir o como la expresión mexicana dice, en una posición lista para que “vacunen” estos recintos.

Una de ellas podría estar pasando justamente con el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), donde trabajadores del museo llevan nueve meses sin recibir pago alguno por sus servicios, situación que se ha agravado ante la denuncia pública de los trabajadores de intentos de desalojo e intimidación, temiendo por su trabajo y la colección del recinto. Entre periodicazos y acusaciones de ambas partes que van desde querer privatizar el espacio, de la evasión de responsabilidades, de la nula intención de dialogo; esta situación que involucraba a la Asociación de Amigos del Museo del MACO y a los trabajadores de la institución, ahora ha hecho participes a la Secretaría de Cultura, Derechos Humanos y la Unidad Administrativa de la Seculta.

Sin embargo, el caos que se desarrolló en estas últimas semanas al parecer puede terminar, pues una serie de artistas han decidido donar sus recursos gestionados, para resolver los problemas económicos del museo. Esto a pesar de que sea una “buena noticia” parece extraño que los mismos artistas tuvieran que resolver la situación, dejando de lado todos los demás actores que parece solo estuvieron presentes en la negociación y solo se quedaron mirando el proceso. Una vez más parece que los financiamientos para cultura están cortos, no existen o simplemente son nulos.

Si bien la figura del MACO responde a una asociación cooperativa de amigos del museo, en una posible financiación mixta, es lamentable observar como un museo con una de las colecciones más importantes del país, siga corriendo el riesgo de cerrar por no cumplir con ciertos requisitos, la falta de donativos o demás factores procedentes de las inclemencias del COVID-19.

Esta imposibilidad de adaptación por supuesto, nos vuelve a poner sobre la mesa lo que ya se ha discutido y pedido por sexenios, la necesidad de realizar una legislación que considere estos problemas, que permita la generación de nuevas figuras dedicadas al arte y la cultura, con facilidad de acceder a recursos, venta de arte, estímulos fiscales y apoyos del estado. Esto para que la solidificación de recintos y emprendimientos culturales, permitan que los museos financiados por diversos recursos, no solo se queden estancados esperando la ayuda de quien pueda hacerlo, y que las donaciones no se implementen como ejercicios de condicionamiento o peor aún, que simplemente se corten por decisión unilateral.

Esta situación es un recordatorio a como se ha vacunado el sector cultural una y otra vez, pues este fenómeno se repite constantemente a lo largo del país y en diferentes sexenios, sin embargo, ahora el instrumento de defensa fue la misma comunidad artística y parece que el anticuerpo burocrático sigue sin accionar. Esta situación por supuesto nos pone a reconsiderar la importancia de la figura de personas en el poder y en las secretarías de cultura, con perfiles que estén involucrados seriamente con la gestión cultural y su ejercicio, la cual, está por cambiar una vez más en la temporada de elecciones que se encuentran en el porvenir.

En este proceso electoral la información será fundamental para realizar un voto consciente, que considere a los recintos culturales y a los trabajadores de la cultura para que reciban un trato digno, nuevas oportunidades y por supuesto, un presupuesto determinado, que evite que agentes del espectáculo y la cultura pasen a la política, para tener un estilo de vida y los recursos que a las instituciones, recintos, emprendimientos culturales, no les llega todavía.

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