¿Qué hay detrás de la baja en el costo de la gasolina?

El Presidente Andrés Manuel López Obrador presumió en un mensaje a los mexicanos haber decidido bajar los precios de la gasolina, pronto salieron sus detractores a cuestionar este hecho. ¿Qué es lo que está sucediendo? Aquí un intento por aclararlo.
Publicado: 24 DE MARZO, 2020



Pablo Hernández Avendaño

Hace unas semanas el Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Arturo Herrera reconoció que pese al desplome de los precios del petróleo el costo del combustible en México no bajaría. 

Esto durante una conferencia de prensa, donde el Secretario recordó que el compromiso del Gobierno Federal era mantener el precio de los combustibles fijos en términos reales. 

Y esto se lograría gracias al Impuesto Especial Sobre la Producción (IEPS) una de las principales fuentes de ingreso del Gobierno de México, y el cual mantendría regulado el costo de la gasolina en el país, ya que de subir el precio del petróleo en importación este impuesto recibía un estímulo para mantener los precios, el cual se recupera una vez que los petroprecios disminuyeran. 

“El precio de la gasolina sube y baja y el IEPS es como un colchón”, destacó Arturo Herrera en su momento. 

Sin embargo bastaron 10 días para que el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador a través de la red social “Twitter” publicará un vídeo donde informaba a los mexicanos que había tomado la decisión de bajar los precios del combustible para fortalecer la economía popular frente a la adversidad. 

¿Qué cambió entonces durante estos días para que se cambiará la postura oficial en torno a los precios del combustible en México?

El desplome de los precios petroleros habría sido una consecuencia de un conflicto internacional entre Arabia Saudita y Rusia, dos de las principales potencias petroleras que con un acuerdo mantenían estable los precios del “oro negro” en el mundo. 

Al romperse este acuerdo y como posible estrategia de negociación, el país árabe decidió aplicar la mayor bajada de precios a este mineral en 20 años, buscando castiga a Rusia. 

Pero este hecho también golpearía a economías dependientes del petróleo como México, Venezuela, Irán e incluso Estados Unidos. 

Lamentablemente no todo terminó ahí, ya que tan solo un par de días después la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó de “pandemia mundial” a la nueva cepa de coronavirus COVID-19 que había dejado graves estragos en la economía China. 

País que por cierto al ser uno de los principales importadores del mundo, encontró un colchón en la baja a los precios del petróleo para contrarrestar la epidemia. 

Estos dos escenarios golpearon duramente a la moneda mexicana al borde de que en tan solo 10 días tuvo una importante depreciación ante el dólar, llegando a los 25 pesos por cada billete de Washington. 

Ante esta “adversidad” como lo señaló el Presidente López Obrador, recordamos que México importa cerca del 75% de la gasolina y diésel de demanda social, por lo cual al abaratarse el precio de la materia prima de los combustibles estos por obvias razones descenderían su costo en todo el mundo, donde no estuvieran regulados por el Gobierno. 

Llegando así valer en un promedio nacional hasta 16.97 pesos el litro de Magna, 18.35 pesos la Premium y 19.66 el diésel, pese a que hace unas semanas rondaban arriba de los 20 pesos. 

Al confrontar el día de hoy las opiniones del Secretario de Hacienda y Crédito Pública y el titular del Ejecutivo encontramos una discrepancia. ¿Los precios no deberían haber permanecido en un promedio para generar ganancias que compensarán los estímulos utilizados anteriormente?

Aquí es donde está el problema, de acuerdo al director general de PetroIntelligence, Alejandro Montufar citado por “El Informador”, el Gobierno de México está cobrando al máximo el IEPS que tiene permitido, por lo cual al estar “atado de manos” pierden una gran oportunidad de recaudar ingresos adicionales en un momento tan necesario. 

Pero entonces ¿por qué las gasolineras no elevan los precios para generar un mayor margen de negocios? La clave está en la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), quién anunció el día de hoy que estarán revisando todas las despachadoras del país para evitar que están ofrezcan combustible por arriba de los 20 pesos. 

Ya que por ley ante una contingencia está penado el acaparamiento de mercancías y el aumento injustificado (este último que se daría en torno al hecho que el mercado mundial está en descenso). 

Así mismo, se abre la puerta a que las gasolineras mexicanas tengan precios competitivos que permitan al consumidor elegir dónde comprar está mercancía, cumpliendo así con las bases de la Reforma Energética impulsada en la administración de Enrique Peña Nieto. 
El hecho es que el Presidente López Obrador es un experto en sacar provecho de las adversidades y dadas las circunstancias intentó dar una mejora a su imagen presidencial desgastada por las manifestaciones nacionales y su relativa pasividad ante la pandemia mundial, cuya “cuarentena” probablemente pueda impactar la demanda social de la gasolina en México y por tanto la recaudación federal. 

Ante esto, podemos deducir que la acción de presumir públicamente el descenso en los costos del combustible buscaría también impulsar a los mexicanos a comprar esta mercancía, la cual se ha convertido en unos de los principales motores de la economía en la administración actual.



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