Una heroica lucha del Congreso del Estado



20 DE JUNIO, 2019

** Que no se pierda el gusto por los libros
** Una buena tarea se echó a cuestas la XXXII Legislatura, permitir que algunos legisladores y legisladoras, conozcan los libros y además donen uno para su biblioteca sede.

POR GUILLERMO AGUIRRE

Una buena y admirable noticia recibimos ayer del Congreso del estado de Nayarit, de la XXXII Legislatura, y digo buena noticia, aparte de admirable porque se trata de luchar contra la cada vez menos práctica de la lectura, así que para fomentar la lectura y elevar el acervo cultural y bibliográfico de la Biblioteca Severiano Ocegueda Peña del Congreso del Estado, se busca llevar a cabo un acuerdo aprobado por la Legislatura número XXXII, que establece que en el marco del Día Mundial del Libro y Derechos de Autor que se celebra el día 23 de abril, cada diputada y diputado donará un libro para incrementar el acervo bibliográfico, histórico, legislativo y cultural de dicha biblioteca, así que de entrada diríamos que el simple hecho de involucrar a los señores representantes populares a que donen un libro, ya es ganancia, sin que sea una afirmación y mucho menos una fanfarronada, pero temo que algunos de nuestros bien amados diputados o diputadas, no han terminado de leer alguna obra literaria, algún buen libro, de esos de autores consagrados, ojalá que si leen esta columna no vayan a salirme con que por supuesto que han leído excelentes obras, como las de CARLOS CUAUHTEMOC SANCHEZ, ese del grito desesperado, o los libros motivacionales de Simplemente Adriana, que bueno, ya con que digan que leyeron a estos autores, ya sería una pequeña ganancia.

Y es que por la manera en la que he escuchado hablar a algunos de los legisladores de la XXXII Legislatura, siento que no han leído ni siquiera la solapa de un buen libro en toda su vida, claro, esta no es una afirmación, lo repito para que luego no vayan a salir con demandas por abuso verbal en contra de alguno de ellos, pero si se nota que haría falta más books o sea más libros, y menos face, o sea menos mensajes.

Claro que hay algunas distinguidas excepciones, por ejemplo he tenido la oportunidad de dialogar con el diputado perredista EDUARDO LUGO LOPEZ, quien entre cosas me ha comentado que se crió, o mejor dicho, que se educó a los “pies”, o a las órdenes de los viejos formadores del partido popular socialista, entre otros con el profesor SABINO HERNANDEZ TELLEZ, con ALEJANDRO GASCON MERCADO, y con el maestro STEPHENS, digo por citar algunos de los viejos políticos socialistas que formaron a generaciones de muchachos de la secundaria federal, y de la normal urbana, con quienes dice el diputado LUGO LOPEZ, que era obligado leer, que los comentarios y pláticas dentro del partido y aún fuera de él, eran relacionados con formación marxista, con doctrinas políticas, con autores rusos, etcétera, y que no sólo tenían que presumir haber leído, sino que tenían que demostrar haberlo hecho.

Por historias como esta, no tengo dudas de que personas del estilo del diputado santiaguense, tienen verdadero y genuino amor por los libros y por leerlos, de hecho siguiendo con el dialogo que alguna vez he sostenido con EDUARDO LUGO LOPEZ, me comenta que una de sus actividades semanales, es leer un libro, para no perder la costumbre.

Ojalá que existan otros representantes populares que amen la lectura, que amen los libros y que insistan en que nuestra gente, sean jóvenes o viejos, no pierdan esa saludable costumbre de leer por gusto, por práctica, por seguir abrevando las delicias de las letras impresas.

Pero siguiendo con la iniciativa presentada para conminar a los diputados a aumentar el acervo de la biblioteca de su sede, el argumento es que “los libros son la puerta a la comprensión y el respeto entre los pueblos, más allá de las fronteras y las diferencias; los libros contribuyen a unir a la humanidad como una sola familia, compartiendo un pasado, una historia y un patrimonio, para forjar un destino común donde todas las voces sean escuchadas”.

En cuanto a la Biblioteca Severiano Ocegueda fue inaugurada en el mes de julio de 1996, originalmente con el nombre Venustiano Carranza Garza en la Vigésimo Cuarta Legislatura, siendo gobernador Rigoberto Ochoa Zaragoza.

Posteriormente fue reinaugurada por la Vigésimo Séptima Legislatura el mes de mayo de 2004 con el nombre Profesor Severiano Ocegueda Peña, en honor por su aportación a la educación durante 50 años y por enseñar a leer y escribir a más de 100 mil niños con su método Caminito de Letras.

Actualmente la Biblioteca Severiano Ocegueda Peña cuenta con más de 4 mil títulos en temas de derecho, legislación, literatura, historia de Nayarit e historia de México, así que luego de esta iniciativa para donar un libro de parte de cada diputado y diputada, tendrá que contar cuando menos con 4 mil 30 títulos a la salida de esta XXXII Legislatura.

Y como les digo, no es apreciación subjetiva sino hecho científicamente demostrado: al mexicano no le interesan los libros. Se hizo todo lo posible, que conste. Y aunque haya sido en vano, hay dignidad en la derrota. Así pues, relajémonos, respiremos hondo, tomemos un descanso.

Las estadísticas avasallan. Demuestran con alevosía y ventaja, sin mostrar forma alguna de clemencia ni resquicio para el anhelado error metodológico, que al mexicano (el 99.99 por ciento) no le gusta leer. Es más, no sólo no le gusta leer, no le gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada, vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata. Años de esfuerzo educativo, de aventar dinero a raudales en bibliotecas, centros culturales, publicidad, cursos, campañas y ferias, premios y becas, ofertas y descuentos, clubes y talleres, mesas redondas y presentaciones… Todo para merecer la sincera respuesta: No, no queremos leer. Que no nos interesa. Que no. Que no queremos. Que no haya libros y ya. Punto. No. ¡Que no!

Hay 8.8 millones de mexicanos que han realizado estudios superiores o de posgrado, pero el dieciocho por ciento de ellos (1.6 millones) nunca ha puesto pie en una librería. La mitad de los universitarios (cuatro millones) prácticamente no compra libros. En 53 años el número de librerías por millón de habitantes se ha reducido de 45 a 18 en la culta capital. Es decir: a mayor esfuerzo educativo, menos lectores. Esto demuestra algo realmente inaudito: en México la clase ilustrada es aún más bruta que la clase iletrada.

Otras estadísticas que provienen de la OCDE y la Unesco. Su estudio “Hábitos de lectura” le otorga a México el sitial 107 en una lista de 108 países estudiados (el país que se ganó el lugar 108 ni siquiera se menciona porque se derritió en el ínterin). Según esos estudios, el mexicano promedio lee 2.8 libros al año. Hay sólo una biblioteca pública por cada quince mil habitantes. El cuarenta por ciento de los mexicanos nunca ha entrado, ni por error, a una librería. Existe una librería por cada doscientos mil habitantes. En todo el país hay solamente seiscientas librerías… Es obvio que las cifras están equivocadas. ¿De veras creen que en México hay una biblioteca pública por cada quince mil habitantes?, es decir, ¿encuentran verosímil que en la capital existan quince mil bibliotecas? Ni sumándoles las bibliotecas privadas. ¿Y de veras se creen que hay seiscientas librerías en el país? Y, para terminar, ¿de veras se habrán tragado eso de que los mexicanos leen anualmente 2.8 libros per capita?

Ignoro su metodología, pero conozco mi tierra. Me temo que lo más seguro es que el encuestado mexicano promedio no haya leído nada nunca y haya decidido mentir, proclive como es a la exageración y a la balandronada, en especial cuando se le encuesta o entrevista (conducta que se agudiza si el interrogador es extranjero). Es curioso que a la pregunta “¿cuántos libros lee usted al año?” lo que se le haya ocurrido contestar haya sido la babosa cifra “2.8”. A sabiendas de su propensión a gesticular, la cifra 2.8 demuestra que a ese mexicano promedio la pura idea de leer libros le resultó a tal grado misteriosa que aun creyendo exagerar, no exageró. Es decir: desde su punto de vista exageró muchísimo, pues la posibilidad de tener un libro en las manos, y además leerlo, le pareció algo tan descomunalmente raro y remoto que, de inmediato, coligió que sólo alguien muy especial podría leer uno al año. De ahí a ponerse guapo ante el entrevistador y adjudicarse la lectura de 2.8 libros anuales, lo que hicieron los encuestados, fue sólo hubo un acto de exhibicionismo, para no parecer ignorantes…en fin, felicidades al congreso del estado, por su loable iniciativa…que la suerte nos ampare…hasta mañana


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