Cmo fabricar un lder de Los Zetas

Cuando tres policas intentaron detenerlo afuera de la discoteca Mandala de Cancn, Hctor us toda su fuerza para zafarse de ellos. Acababa de comerse un hot dog en la calle acompaado de su amigo Maximiliano, y se dispona a regresar a la fiesta.
Publicado: 23 DE NOVIEMBRE, 2014



AGENCIA REFORMA

Cd. de Mxico (23 noviembre 2014).- Dentro del Mandala, Hctor se dio cuenta de que Maximiliano no haba podido escapar y decidi salir a buscarlo.

-Por qu quieren detenernos? -pregunt a los policas.

-Es una revisin de rutina. Si no traen nada, los soltamos -respondi un agente.

Maximiliano ya estaba a bordo de una patrulla modelo Avenger y Hctor tuvo que subirse a ella.

Eran las 3:30 de la madrugada del sbado 16 de marzo de 2013. Fue la ltima vez que Hctor pis la calle en libertad.

Ao y medio despus, Hctor Manuel Casique Fernndez est en la crcel. La Procuradura de Justicia de Quintana Roo lo acusa de pertenecer a Los Zetas y lo involucra en el asesinato de siete personas ocurrido das antes de su detencin en un bar llamado La Sirenita, en la zona popular de Cancn. La prensa local lo apoda El Diablo.

Hctor cumplir 28 aos en febrero prximo. De nio fue campen de Tae Kwon Do. A los 20 aos fue polica municipal en Benito Jurez, Cancn. Se especializ en artes marciales, defensa personal y manejo de armas. Tras cinco aos de servicio, se retir de la corporacin y mont su propio negocio como instructor en acondicionamiento fsico y proteccin de personas. Eventualmente, laboraba como escolta al servicio del Gobierno estatal. En los das en que fue detenido, estaba negociando su ingreso a la Polica Judicial del estado.

Despus de su arresto, Hctor sufri todo el catlogo de castigos fsicos y psicolgicos contenido en la Convencin de la ONU contra la Tortura: golpes, toques elctricos, asfixia, aislamiento, abuso sexual. Fue obligado a declarar en esas condiciones para inculparse en un multihomicidio y contribuir a que las autoridades fabricaran la captura de un peligroso lder de Los Zetas.

Algunos de los policas con los que convivi, entre ellos, sus alumnos en cursos de defensa personal y manejo de armas, fueron sus torturadores.

Su caso est siendo investigado por la CNDH, Amnista Internacional y por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

* * *

Hctor y Max fueron trasladados a las instalaciones de la Polica Turstica de Cancn, a cinco minutos del Mandala; en el trayecto, fueron vigilados por dos policas municipales que apuntaban sus armas hacia ellos.

En la Polica Turstica, los colocaron detrs de la patrulla y revisaron sus bolsillos en busca de drogas.

-Ahorita se van -les dijo un polica municipal al no encontrarles nada.

Pero en ese momento lleg un agente de la Polica Judicial de Quintana Roo, quien orden meterlos a los separos. Antes de ingresar, los policas le quitaron a Hctor su telfono celular, una cadena de oro, las llaves de un auto y 22 mil pesos en efectivo que le acababa de pagar una persona a la que le vendi una moto.

Estuvo 20 minutos en los separos, luego lo sacaron y lo subieron a otra patrulla, junto con su amigo Max.
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La CNDH recibi 7 mil 164 quejas por tortura entre 2010 y 2013 y ninguna fue procesada legalmente hasta generar condena a quienes la cometieron. Entre 2003 y 2013 crecieron en 600 por ciento las denuncias de tortura ante la CNDH.
Informe "Tortura sin control".
Amnista Internacional

El segundo traslado dur 20 minutos hasta la base de la Polica Municipal, donde les hicieron una revisin mdica. Ah, el doctor Joel Mezquita Prez certific, a las 5:20 horas, que ninguno de los dos presentaba lesiones. Hctor y Max fueron subidos, otra vez, a una patrulla, para regresar a las instalaciones de la Polica Turstica, en la zona hotelera.

Un agente al que todos llamaban Nambo los recibi y los llev a las oficinas del Ministerio Pblico que tiene ah la Procuradura General de Justicia de Quintana Roo.

Luego de dos horas fueron presentados ante el comandante Ernesto Santees Hernndez y otro agente que slo se identific como Rafael. Los judiciales le pidieron a Hctor 40 mil pesos para dejarlo libre. Eran las 12 del da y decidi llamar a una amiga de nombre Karla, con la que haba estado la noche anterior en el Mandala.

-Necesito que vengas al Ministerio Pblico de la zona hotelera y me traigas quince mil pesos, dos playeras y diez desayunos sencillos. Me van a sacar de aqu -le dijo Hctor, segn la declaracin que hizo Karla al Ministerio Pblico.

Despus de hacer la llamada, lo llevaron a la oficina principal de la Procuradura.

Ah vio a varios policas judiciales a los que conoca; algunos haban sido sus alumnos en los cursos de defensa personal y manejo de armas que l daba desde 2011, cuando abandon las filas de la Polica Municipal. Otros haban sido sus compaeros de trabajo en labores de custodia en eventos pblicos del gobernador Roberto Borge. Hctor particip con ellos como ayudante del Estado Mayor Presidencial en eventos importantes, como la visita que realiz a Cancn el ex presidente de Colombia, lvaro Uribe, en junio de 2011.

Uno de los judiciales a los que Hctor reconoci era Manuel Borges Ricalde, comandante de homicidios.

-Sabe qu viejo?, ya vali madre -le dijo el comandante mientras caminaban por un pasillo para entrar a las oficinas de la Procuradura.

-Cmo que ya vali madre? -pregunt Hctor.

-Disclpame, pero ahora ests bajo mis huevos -le dijo Borges.

Hctor conoca a todos los que estaban en ese cuarto y pens que se trataba de una prueba de ingreso a la Polica Judicial.

"Yo ya saba que ellos son unos pasados de lanza y las torturas a las que someten a la gente. Pero yo pens que era una broma, una novatada, porque se supone que yo iba a ingresar a la Polica Judicial", recuerda Casique en una entrevista realizada en julio pasado ante personal de Amnista Internacional.

Unos meses antes, Hctor haba negociado la compra de una plaza con el director de la Polica Judicial del estado, Arturo Olivares Mendiola, a quien le adelant 75 mil pesos de los 150 mil que le costara la incorporacin como primer comandante de la PJ.

"Yo compr una plaza, pagu la mitad. Mendiola era mi ntimo amigo, nos bamos a comer camarones, yo le daba cursos a sus escoltas; cuando les lleg el nuevo armamento, en enero de 2012, fuimos y probamos el nuevo armamento, y dimos cursos con el nuevo armamento.

"Le di 75 mil pesos a Mendiola para que me diera la plaza de primer comandante; l me dijo que de primer comandante no se iba a poder, pero que iba a ser jefe de sus escoltas. Y yo dije 'ya est'. Pero pas el tiempo y nunca pas nada. Y cuando nos hicimos de palabras y lo amenac con acusarlo con el procurador y con el subprocurador, como l saba la relacin que yo tena con ellos, se panique", relata Casique en su testimonio ante Amnista Internacional

Casique cree que el problema que tuvo con el jefe policiaco es el origen de que lo detuvieran, de que lo involucraran en un caso de homicidio, de que lo acusaran de pertenecer a Los Zetas y del tormento al que fue sometido.

Dentro de la oficina, los judiciales colocaron a Hctor volteado a la pared, le agarraron las manos por detrs, le sujetaron las muecas y los brazos con una venda y luego le pusieron unas esposas. Lo obligaron a hincarse y le colocaron una venda gruesa en la cabeza, tapndole los ojos. Unos minutos despus, lo pararon para girarlo y quedar de frente a ellos, y le ordenaron que se volviera a hincar. l pregunt por qu.

En ese momento comenz la tortura.

* * *

El primer golpe que recibi fue una patada en la parte de atrs de la pierna derecha, que lo hizo caer al piso, hincado, frente a sus agresores.

-No que muchos huevos? -le grit uno de los judiciales.

Despus le dieron un segundo golpe, a dos manos, a manera de aplauso sobre sus odos, que lo aturdi.

"Yo en mi cabeza deca 'es una prueba de los judiciales, es una mala broma de Mendiola, de Manuel, una novatada'; yo dije 'ahorita se acaba'. Eso era lo que me mantena tranquilo; pens: 'me van a meter unas cachetadas y ah queda'; pens que era una broma, pero la broma se empez a poner ms difcil", recuerda Hctor en su relato a Amnista.

Seis veces se repiti ese doble golpe contra sus orejas, seco, contundente.

Aturdido, Hctor alcanz a escuchar que le dijeron: "tenemos un problema, y t te lo vas a comer".

-A partir de ahorita t eres Zeta -le explic uno de sus agresores.

Le colocaron una bolsa de plstico en la cabeza y le golpearon la espalda y el trax para sacarle el aire y obligarlo a tratar de inhalar dentro de la bolsa un oxgeno inexistente. La desesperacin provocada por la asfixia lo haca moverse y sacudir el cuerpo, mientras sus agresores lo sujetaban con fuerza con la bolsa apretndole el cuello. Luego lo soltaban, lo dejaban respirar unos segundos y, otra vez, el doble golpe seco sobre los odos.

A esas horas lleg a la agencia del Ministerio Pblico la amiga de Hctor, con 7 mil de los 15 mil pesos que le haba pedido, y los desayunos.

Mientras esperaba a ser atendida, en la recepcin de la agencia, Karla escuch la voz de Hctor, proveniente de una de las oficinas.

-Ay, no me peguen! -gritaba.

"Se escuchaba como si estuvieran azotando una tabla", se asienta en la declaracin ministerial que rindi Karla.

Pasadas las 2 de la tarde, uno de los policas la atendi. Karla quiso darle el dinero ah mismo, para que soltaran a Hctor, pero el agente le pidi caminar al OXXO que est cruzando la calle, le recibi los 7 mil pesos, los guard en su bolsa, y le advirti:

-Disculpe, no la voy a poder ayudar; no s qu haya hecho este seor, pero s va a ser muy difcil sacarlo.

La chica se fue.

La suerte de Hctor y Maximiliano qued en manos de los judiciales.

De acuerdo con sus declaraciones ministeriales, Hctor fue sometido a cinco sesiones de tortura, a manos de cinco grupos distintos de policas, durante aproximadamente 30 horas.

El procedimiento se repiti: bolsa negra en la cabeza, manotazos en la espalda, aplauso en los odos. Tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho veces... A media tarde del sbado, Hctor perdi la cuenta, tena claro que no se trataba de una novatada.

En un momento dado, sus agresores se detuvieron.

-Ahorita va a venir alguien, y t vas a decir que t mataste a unas personas -le dijeron.

-No me voy a echar la culpa de algo que yo no hice -contest Hctor.

Y se reanud la sesin de tortura: bolsa de plstico, manotazos, aplausos en los odos. Dos, tres, cuatro veces... En la refriega, Hctor perdi la camisa.

Volvieron a interrogarlo, l volvi a negar todo y entonces las agresiones pasaron a otro nivel: le colocaron una picana elctrica en el pecho, del lado izquierdo, unas diez veces con descargas sostenidas que l senta primero como un pellizco, y despus como un carbn incandescente que le quemaba la piel. Tambin le dieron toques en el cuello y la espalda, y volvieron a colocarle la bolsa en la cabeza.

La picana elctrica es un aparato que da golpes de corriente o descargas sostenidas al entrar en contacto con el cuerpo. Se cree que fue introducido como instrumento de tortura durante la poca de las dictaduras militares en Sudamrica. Pero ste no es un testimonio de Chile en tiempos de Pinochet o de la Argentina de Videla. Es Mxico en el siglo XXI, 13 aos despus de la alternancia, en el corazn de una de sus ms importantes zonas tursticas.

Probablemente ninguno de los 3.7 millones de turistas que visitaron Cancn en 2013 podra imaginarse que en una celda, en plena zona hotelera, el tiempo se detuvo en los aos setenta, la poca de la Guerra Sucia y la temible Direccin Federal de Seguridad.

-T eres el jefe de Los Zetas -le insistieron a Hctor mientras era golpeado.

Hasta que cay al piso, y ah lo tundieron a patadas.

-No que muchos huevos?, no que mucho entrenamiento? -exclam uno de sus agresores mientras Hctor se retorca del dolor.

A esa hora entr al cuarto el director de la Polica Judicial, Arturo Olivares Mendiola.

-Qu te pasa? -pregunt a Hctor en tono amable.

-Estos cabrones me estn rompiendo la madre, ya estuvo. Quteme las esposas, por favor capitn, ya no aguanto ms. Me duele mucho el hombro derecho -suplic Hctor.

Olivares pidi a sus agentes que le liberaran los brazos y le colocaran las esposas al frente.

-Dime la verdad y no te va a pasar nada -dijo el polica al detenido.

-Me da su palabra? -pregunt Hctor.

-Te doy mi palabra. Qu hiciste? -pregunt el polica, sujetndole la mano.
-Nada, sus elementos me han estado golpeando, y no s nada de lo que me estn hablando -respondi Hctor.

El capitn hizo a un lado la falsa cordialidad; le jal la mano, le apret las esposas anudndole los antebrazos, con todas sus fuerzas, y lo empez a golpear con los codos en la nuca.

-No te hagas pendejo y di la verdad! -le grit.

Sigui golpendolo con los puos en la cara y el cuello.

-Vas a ser mi puta, Casique -le grit.

Olivares orden que lo volvieran a esposar por la espalda y le puso la bolsa en la cabeza, asfixindolo.

-As se hace, pendejos, ahorita va a hablar -dijo a sus subordinados.

-T eres zeta, t los mataste! -sigui gritando el jefe de la Polica, mientras estrellaba sus manos sobre el rostro de Hctor, que no aguant ms y se desplom.

-Saben qu?, para ser broma ya estuvo -alcanz a decir Hctor.

-No es ninguna broma -le grit Olivares.

En el piso, se acercaron a l dos agentes que le bajaron los pantalones y le dieron toques elctricos en los testculos.

Abatido, con ardor en sus genitales y la bolsa en la cabeza, Hctor escuch:

-Vas a hablar o a tu familia le vamos a hacer lo mismo y vers a tu madre, la gera; voy a ir por tus hermanas, por tu novia, por tus hijas, ahorita lo vas a ver.

Hctor recobr fuerzas y ret a sus agresores a que intentaran hacerle algo a su familia. Para entonces estaba molido, pero el expediente judicial consigna que encar a los judiciales, incluso rindose de ellos.

En ese momento vio que se acercaba la bolsa de plstico hacia su cara, sinti cmo le cubrieron la cabeza con ella, todo se oscureci mientras resenta la falta de aire. Cay al piso y perdi el conocimiento.

* * *
Cuando despert, Hctor estaba en una celda. Se haba orinado y defecado en los pantalones.

Pudo ver que a unos metros de l estaba Maximiliano, tambin tirado en el piso, con las manos amarradas con vendas por la espalda.

Maximiliano tambin haba sido sometido a tortura: lo hincaron, le sujetaron con vendas las muecas y los brazos, lo esposaron, le vendaron la cabeza y la cara, le exigieron que se confesara culpable de haber matado a siete personas, de haber asesinado a los del bar; lo asfixiaron con la bolsa de plstico en la cabeza, tres o cuatro personas le brincaron en el estmago para sacarle el aire, y se desmay

"Durante toda esta tortura, tambin escuchaba cmo Hctor Manuel Casique Fernndez, desde otro cuarto, se quejaba y estaba gritando de los golpes que le daban", se lee en la declaracin que hizo meses despus Maximiliano ante el Ministerio Pblico, "cuando recuper el conocimiento ya no me encontraba esposado, solamente estaba vendado, y no vi quin me traslad a las celdas nuevamente y solamente escuch la voz de Hctor que estaba gritando: 'ya no me peguen', y gritos de dolor".

Dos guardias se acercaron a Hctor, a uno de ellos lo reconoci: era un polica judicial de apellido Wady. El otro usaba pasamontaas y camisa de manga larga.

Wady se acerc a l, le baj el pantaln, le puso una mano en las nalgas y, con la otra, le introdujo un palo en el ano.

-Esto te pasa por puto, tienes que decir que t los mataste y tienes que decir que eres zeta -le dijo Wady mientras hunda el palo.

Hctor gema, negndose a confesar.

Los policas lo incorporaron, le retiraron las esposas y lo metieron a una regadera y le ordenaron que se baara y lavara su pantaln.

Ya vestido, le volvieron a vendar los ojos y le dijeron que se preparara porque el general quera hablar con l.

Cuando el general lleg, Hctor le dijo que era inocente y le pidi que dejaran de torturarlo.

La respuesta que obtuvo fueron ms golpes, en la cara, el trax, el cuello. Sus torturadores le levantaron la venda y le dijeron: "mira, pendejo, somos nosotros". No haba ningn general, slo policas que comenzaron a intercalar golpes y amenazas.

-Ya agarramos a tu madre, nos la vamos a coger -le dijeron.

-Tambin agarramos a tu esposa y a tus hijas -le advertan, mientras l se mova enfurecido, agitndose como un pez intentando escapar de una red fuera del agua.

Los policas le metieron la cabeza en la bolsa de plstico, echaron dentro polvo de chile habanero y la cerraron alrededor de su cuello para asfixiarlo.

Volvi a perder la conciencia y despert hasta sentir el ardor en los testculos provocado por toques elctricos que se alternaban entre el cuello, el ano, el pecho.

Despus, el doble golpe en forma de aplauso sobre sus odos con las palmas de dos manos grandes, callosas, slidas como un bat que termin por reventarle el odo izquierdo.

-T mataste a las personas y t pagas a dos del gobierno -alcanz a escuchar en medio del dolor que le provocaban los golpes, el ardor de los toques elctricos, el cansancio tras ms de 12 horas sin comer ni tomar agua.

-Por qu me hacen esto? -pregunt.

-Por ms pendejo -le respondi una voz annima.

Despus, lo llevaron a una celda y ah le leyeron una lista de nombres que jams haba escuchado, para que identificara a "sus cmplices" en delitos que desconoca.

Segn Hctor, cuando los policas no estaban en el turno de golpearlo, grababan su tortura con telfonos celulares.

Entre tortura y tortura, le daban Squirt para revivirlo.

"Me decan 'abre la boca' y me aventaban el refresco, me echaban chile habanero en la boca, en la garganta y me decan: 'si me muerdes, te rompo tu madre'. Me bolsearon, me echaron chile, me golpearon, me dieron toques y me asfixiaron al mismo tiempo. Perd el control absolutamente de todo, me me, me defequ, me volv a defecar, me volv a mear era tanta su saa, y decan 'este tiene entrenamiento, no que muy verga', y me jalaban hacia atrs y me apretaban la bolsa, me soltaban y decan: 'tiene entrenamiento, dale ms duro'. Y me electrocutaban... le cambiaron las pilas al aparato como seis veces, se lo acababan porque me lo dejaban as puesto truuuuuuuu".

* * *

En la celda estaba tambin Maximiliano, abatido y golpeado.

Slo alcanzaron a mirarse en silencio. Ninguno de los dos tena fuerzas para hablar.

Los policas regresaron, levantaron a Hctor, lo sacaron de la celda y lo llevaron en vilo hasta una oficina. Lo sentaron frente a una computadora, le vendaron los ojos, lo esposaron con las muecas otra vez sobre sus nalgas, lo golpearon y le colocaron la bolsa de hule en la cabeza, esta vez sin chile habanero.

Durante una hora se repitieron los golpes, la asfixia, los insultos, las amenazas, la exigencia de que se declarara culpable y de que firmara unos papeles en los que haba una lista de nombres de personas a las que no conoca para que los reconociera como sus secuaces.
En cinco aos, la CNDH slo aplic procedimiento especial contra la tortura en 364 casos, y concluy que haba indicios de tortura slo en 26. Desde 2006, slo ha habido siete sentencias firmes por tortura aplicando la legislacin federal en la materia.
Informe "Tortura sin control".
Amnista Internacional

Hasta que alguien lleg al lugar y los policas lo llevaron a rastras hasta la celda, a toda prisa.

Era un actuario judicial, de nombre Jess Gallardo Garca, que lleg a las 23:40 horas del sbado 16 de marzo a notificarle un amparo promovido por sus familiares en contra de la incomunicacin en la que se encontraba.

Ante l, Hctor denunci la tortura a la que estaba siendo sometido, mientras los policas, parados detrs del funcionario, le advertan a seas que no los acusara.

Hctor firm la notificacin y pidi asentar en el documento que estaba siendo torturado. As lo hizo el actuario en el expediente 374-2013, que dej constancia de que el quejoso "presenta una lesin en su ojo izquierdo, el cual se aprecia inflamado, as como diversos moretones en el antebrazo derecho".

El funcionario se fue y Hctor se qued solo en su celda.

Cuando los policas regresaron, l les mostr una copia del amparo que le haba entregado el actuario. Los policas le arrebataron el papel, se lo restregaron en la cara, lo sacaron de la celda, lo llevaron al mismo cuarto donde antes lo haban golpeado y reanudaron la tortura.

Lo esposaron, le colocaron la bolsa, volvieron a golpearlo.

Poco despus regres el actuario, con otro amparo.

-Mire para lo que sirven sus pinches amparos, vea cmo tengo el ojo, y me siguen golpeando y torturando -le dijo Hctor.

El funcionario volvi a anotar la denuncia, ofreci notificrselo al juez que vea su caso y se fue del lugar. En el expediente 376-2013, levantado a las 00:10 del 17 de marzo, el actuario judicial Jess Gallardo Garca asent que el quejoso presentaba una lesin en su ojo izquierdo, "el cual est totalmente cerrado".

Solos otra vez con su vctima, los torturadores lo golpearon con ms saa, hasta que uno de ellos interrumpi.

-A ver, cuntame la historia completa cabrn, o te parto la madre -exclam.

-Ya est bueno, bjenle -respondi Hctor, quebrndose en un llanto que, segn lo que le declar meses despus a personal de la Comisin Estatal de Derechos Humanos, no era de dolor, sino de impotencia.

-Pues cuntame la historia completa -le espet el polica.

-Era el ao de 1986, era una tarde lluviosa -comenz a relatar Hctor en referencia a su nacimiento, 27 aos antes el comienzo de su historia completa.

La burla enfureci a sus agresores, que le embarraron chile habanero en la boca, la nariz y los ojos.

-Por chistoso y pendejo -indic uno de ellos.

-Ahora s, cuntame -exigi otro.

-Pues ese da segua lloviendo -insisti Hctor en su relato.

Y pag cara su irona, pues inmediatamente sinti un golpe seco en el ojo izquierdo que le revent el prpado, le provoc una hemorragia e hizo que cayera noqueado.

Lo regresaron cargando a la celda, donde cay dormido.

Despert horas despus; senta hambre, sed y dolores en todo el cuerpo. Ya era media maana del domingo, estaba cumpliendo 24 horas bajo tortura.

En esas condiciones fue llevado a una oficina, donde le pidieron firmar una confesin. l se neg. Le dieron una pluma, con la que l slo escribi garabatos, provocando la furia de los agentes.

Los policas lo obligaron a hincarse frente a una pared. Una hora despus le vendaron los ojos, lo pararon en un pasillo y ah lo dejaron otro rato, hasta que le temblaron las piernas.

Lo obligaron a salir al patio brincando una ventana, lo subieron a una camioneta y lo llevaron hasta la Procuradura General de Justicia, en el centro de Cancn. Ese traslado lo hizo esposado y con los ojos vendados.

En la Procuradura fue revisado nuevamente y se levant un certificado de los golpes que llevaba. Nuevamente, le fueron presentados los documentos para que los firmara.

-Dice El Chino que ste es el bueno -dijo uno de los policas en referencia al agente del Ministerio Pblico que haba tomado la declaracin en la que Hctor se confesaba culpable.

l se neg a firmar, pero fue obligado a estampar su huella digital en ellos.

"A mi me quieren hacer firmar cinco diferentes expedientes; yo creo que los iban mejorando, o rediseando... pero no firm absolutamente nada. Cuando me daban la pluma les rayaba yo all y se encabronaban... las huellas al final son mas, porque me forzan a que yo las ponga... cuatro cabrones para agarrarme las manos y hacerme que yo pusiera las huellas, por eso los dedos estn as, separados, no estn puestos normales. El ltimo expediente que me obligaron a huellear fue en el estacionamiento de la Polica Judicial, justo antes de presentarme a los medios. Estaba yo muy cansado. Max, mi amigo, estaba llorando, yo estaba sangrando de todas partes".

Aquel domingo, 17 de marzo de 2013, la Procuradura de Quintana Roo present a los medios de comunicacin quintanarroenses a Hctor Casique Fernndez, alias El Diablo, Tito o Fnix, y a su chofer y "cmplice" Maximiliano Ezequiel Milln Gonzlez.

* * *
Dos policas estatales vestidos de negro, encapuchados, con casco y cargando armas largas flanqueaban a dos presuntos delincuentes que fueron presentados como criminales confesos en la conferencia de prensa del procurador de Quintana Roo, Gaspar Armando Garca Torres. Uno de ellos, Maximiliano Ezequiel Milln Gonzlez, vesta una camisa amarilla; el otro, Hctor Casique Fernndez, vesta una polo blanca con cuello rojo, una camiseta que Hctor no usaba la noche del 16 de marzo y que le fue proporcionada en los separos de la Polica Judicial. Segn sus abogados, con esa camiseta Polo se pretenda fortalecer su imagen de presunto narcotraficante. Ambos usaban pantaln de mezclilla y traan las manos esposadas por delante. Max se vea desconcertado, con moretones, pero sin manchas de sangre. Hctor mostraba las huellas de la tortura: el ojo izquierdo cerrado, la cara hinchada, el antebrazo derecho marcado con moretones.

La Procuradura de Quintana Roo dijo a los medios que estas dos personas estaban involucradas en el homicidio de siete personas ocurrido el 14 de marzo en el bar La Sirenita, de Cancn, donde fue asesinado, entre otros, un lder de taxistas llamado Francisco de Ass Achach Castro, alias La Barbie, sobrino de la ex alcaldesa priista de Benito Jurez, Magaly Achach.

Segn la versin reproducida al da siguiente en la mayora de los medios locales, Hctor Casique tena la encomienda de matar a La Barbie, por rdenes de su supuesto jefe inmediato, un sicario apodado El Caballo, pero se neg a hacerlo porque careca de armamento, y fue relevado del "trabajo" por un delincuente llamado Roger Gabriel Alfaro Pacheco, alias El Humo.

El procurador afirm, en conferencia de prensa, que Hctor Casique, alias El Diablo, haba confesado pertenecer a Los Zetas, ser el encargado de cobrar las cuotas por "derecho de piso" en la zona hotelera de Cancn y de entrenar a los sicarios del cartel en el manejo de armas. El funcionario present como prueba de ello el telfono celular de Hctor, que le haba sido confiscado la noche de su detencin, y en el que efectivamente haba videos de l en los cursos de instruccin que daba a policas municipales.

El procurador dijo a los medios que Casique se haba reunido con El Humo das antes del asesinato en La Sirenita, y que le haba entregado las instrucciones para ejecutar a La Barbie junto con una fotografa de la vctima en un flder amarillo. Aunque El Humo slo deba matar a una persona, el procurador dijo que estando en La Sirenita "se aloc" y termin matando a siete.

La Procuradura filtr a los medios locales un expediente en el que se recogan supuestas declaraciones de Hctor Casique, donde confesaba sus vnculos con Los Zetas y con los delincuentes mencionados en la conferencia: El Ap, El Caballo, El Humo. Peridicos como Novedades de Quintana Roo, publicaron el lunes 18 de marzo extensos relatos con base en "informacin obtenida" en los que se describa la pertenencia de El Diablo a Los Zetas desde mediados de 2011. En las notas se entremezclaban datos biogrficos reales de Hctor Casique, como su pertenencia a la Polica Municipal de Cancn durante cinco aos y su ocupacin posterior como instructor en tcnicas de defensa personal, manejo de armas y acondicionamiento fsico, con datos que, segn su defensa, fueron inventados por la Polica Judicial de Quintana Roo para hacerlo pasar como un criminal. Por ejemplo, se describe en las notas de la prensa local que El Diablo, Fnix o Tito fue reclutado por El Potro; despus estuvo bajo el mando de El Caritas, y finalmente lleg a trabajar con El Ap, tambin conocido como Gordo Sam, lder local de Los Zetas.

Los relatos periodsticos refieren que en el telfono de Casique tambin se encontraron nmeros telefnicos registrados con claves "que podran referirse a una conexin con el Crtel del Golfo (CDG)".

En la presentacin de los "peligrosos delincuentes" ante los medios locales, un reportero pregunt por qu los presentados estaban golpeados, y el procurador dio por terminada la conferencia.

* * *

Casique fue subido a una camioneta y trasladado de regreso a las oficinas de la Procuradura. Nuevamente fue conducido hasta los separos, donde le entregaron unos papeles para que los firmara. Otra vez se neg a hacerlo, y reinici la golpiza.

Patadas, puetazos, insultos, amenazas una nueva sesin de tortura que concluy cuando un polica judicial se acerc a l con una pistola en la mano que llev hasta su cabeza, la coloc cerca de la sien y le cort cartucho.

-Dispara! -grit Hctor a su agresor, quien respondi impactando la cacha de la pistola en la frente de Hctor, con un golpe seco que provoc una herida que inmediatamente sangr y pint de rojo el rostro del detenido, que cay al piso, inconsciente.

Cerca de las 11 de la noche llegaron a la celda unos paramdicos que le lavaron la herida, lo vendaron y, despus de inspeccionarlo, sugirieron llevarlo a un hospital.

Los policas judiciales se negaron, pues tenan rdenes de trasladarlo esa misma noche a la crcel de Cancn.

En la penitenciara, un doctor de nombre Luis Pulido hizo una valoracin del detenido, que lleg sangrando de la nariz, la boca, el ojo izquierdo y la frente, y orinando sangre. Y se neg a recibirlo.

Los policas insistieron y dos horas y media despus consiguieron la admisin del presunto delincuente.

Detenido originalmente por haber cometido supuestos ultrajes contra policas municipales, Hctor Casique fue ingresado al Centro de Readaptacin Social de Cancn como culpable del delito de homicidio calificado, al tomarse como vlida la declaracin firmada con sus huellas digitales, en la que no slo "confes" su participacin como autor intelectual en el homicidio del bar La Sirenita, sino que asent que las lesiones que tena en ese momento se las haban provocado los policas municipales en el momento de su detencin.

En el Cereso le hicieron la prueba de Harrison para detectar si haba disparado arma de fuego recientemente, y sali negativa. No fue posible consignarlo como autor material de homicidio, pero lo encerraron acusndolo de la autora intelectual de la matanza en La Sirenita.

Ese mismo da, la familia de Casique promovi una queja ante la Comisin de Derechos Humanos de Quintana Roo, que al da siguiente envi a su personal al reclusorio de Cancn, donde constat el estado en el que se encontraba el detenido: "psimas condiciones de salud y mltiples ultrajes a su persona".

Fue hasta entonces, que Casique pudo ver a un abogado e iniciar su defensa legal.

Ante el juez, neg la declaracin que "rindi" en los separos, argumentando que le fue sacada mediante tortura.

* * *

En la crcel de Cancn continu el tormento.

La familia de Casique fue estigmatizada. Su madre perdi el empleo, su hermana no fue recibida ms en la escuela.

Al mismo tiempo, empezaron las amenazas y las extorsiones para mantenerlo vivo en prisin.

Cuatro meses despus de su detencin, la defensa de Hctor logr que se le practicara un examen mdico para valorar su estado fsico y obtener pruebas de la tortura.

En su informe, el perito mdico legista David Anguiano estableci que Hctor presentaba lesiones que pusieron en peligro su vida que an no haban sanado, cicatrices permanentes y no visibles, secuelas por las lesiones sufridas e incapacidad en ciertos movimientos. Entre las lesiones, el mdico estableci aumento de volumen en el testculo derecho, una cicatriz en la regin anal y prdida de visin en el ojo izquierdo. El reporte mdico establece que Hctor sufri hipoxias (falta de oxgeno en el cerebro causada por asfixia) que provocaron prdida de conciencia y lesiones en el tejido nervioso que, a su vez, le causaron fasciculaciones musculares (movimientos involuntarios), prdida de equilibrio y arritmias cardiacas.

El 31 de julio, cuando su familia se neg a pagar ms extorsiones, Casique fue golpeado en su celda y colocado en un rea en la que se encuentran recluidos miembros de organizaciones delictivas, que recibieron la orden de acabar con l. Le rompieron las costillas, le rociaron gasolina, lo amenazaron con prenderle fuego.

La segunda visitadora de la Comisin Estatal de Derechos Humanos, Mara Jos Lpez Canto, tuvo que ir a la crcel a rescatarlo, cambiarlo de rea y tramitar su traslado al reclusorio de Chetumal.

En paralelo, comenz el calvario del proceso judicial:

El juicio por el homicidio en el que fue involucrado avanz a cuentagotas y en medio de irregularidades y violaciones al debido proceso. En casi un ao de juicio, no tuvo audiencias ni careos con los delincuentes que supuestamente lo ubicaron como su jefe y autor intelectual de la matanza de La Sirenita.

En mayo de 2013, Hctor demand a los 40 judiciales que participaron en su tortura, acusndolos de abuso de autoridad y violacin. Al mismo tiempo, tramit un amparo en contra del auto de formal prisin. Meses despus present una queja ante la CNDH, que orden que se le practicara el Protocolo de Estambul, un manual para la investigacin de tortura poco usado en Mxico y que por primera vez se practicaba en el estado de Quintana Roo.

El Ministerio Pblico adscrito a la Procuradura declar improcedente el ejercicio de la accin penal en contra de los torturadores, y en la Comisin Estatal de Derechos Humanos, el ombudsman Harley Sosa emiti una recomendacin que no tom en cuenta los resultados del Protocolo de Estambul, neg la tortura y slo pidi sanciones administrativas por abuso de autoridad.

La defensa de Casique mantiene impugnadas ambas resoluciones.

En marzo de 2014, un juez orden su liberacin inmediata, pero ese mismo da, cuando se dispona a abandonar el reclusorio de Chetumal, Hctor fue reaprehendido por policas judiciales que lo trasladaron a la crcel de Cancn sin orden de aprehensin, violando un amparo federal y sin explicacin alguna a los familiares que lo esperaban en la calle.

La Procuradura aleg que existan nuevas imputaciones de supuestos testigos en el asesinato de La Sirenita, y abri la causa penal 98/2014.

Ante el peligro que corra su vida en el Cereso de Cancn, su familia tramit un nuevo traslado a Chetumal, donde al da de hoy sigue preso, en espera de que se resuelva un nuevo amparo que le permita afrontar su juicio en libertad.

Amnista Internacional investiga su caso con apoyo de la ONG mexicana Cencos (Centro Nacional de Comunicacin Social AC). Y la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya pidi informacin sobre el proceso al gobierno de Quintana Roo.

* * *

En el Protocolo de Estambul practicado a Casique (234 das despus de su detencin) se concluye que present lesiones provocadas por maniobras de tortura, que tiene daos mdicos y secuelas psicolgicas relacionadas con los tormentos que describi durante las entrevistas.

Casique cont a los psiclogos que algunas noches suea que lo golpean, que le apuntan con una pistola. Tiene miedo de quedarse recluido para siempre, y siente vergenza de que su familia conozca los abusos a los que fue sometido. Ha disminuido su deseo sexual y siente que le falta el aire. Alguien que gan torneos nacionales e internacionales de Tae Kwon Do, con aos de instruccin en proteccin de personas, hoy se siente indefenso para pelear.

Una de sus pesadillas recurrentes es sentir que por la noche, mientras duerme, un desfile de cucarachas entra por su ano.

En una parte de la entrevista con Amnista Internacional, Hctor describe en pocas palabras qu es haber sido torturado:

"Me avergenza mucho hablar de esto. Me siento mal. Lo que ms me duele es estar preso, todo lo que ha sufrido mi familia, mi hermana, mi mam, mi abuela, cmo ha envejecido; me siento mal de que por m ellas estn sufriendo. Mi miedo ms grande es que vayan a querer hacerle algo a ellas y que no vaya a estar yo para defenderlas. Eso me aterra. Me siento cansado, voy al bao como viejito, no veo bien del ojo izquierdo; slo escucho del odo derecho; me cuesta trabajo orinar, me duele mucho la espalda, el hombro. Estoy mal".



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